20 marzo, 2013

Estancia Jesuítica La Candelaria, Patrimonio de la Humanidad


El grabado en la puerta de la habitación del Padre encargado de la estancia reza: "1683". Es el año en el que finalmente se consolidó la Estancia de la Candelaria en manos jesuitas. Llegó a ser el mejor ejemplo de un establecimiento serrano productor de ganadería extensiva, fundamentalmente mular, destinado al tráfico de bienes desde y hacia el Alto Perú.
La iglesia, con sus muros rocosos y sus líneas austeras, sobresale por su espadaña barroca que acuna tres campanas. Permanece casi intacta, blanca de cal, excepto en el altar donde se destacan sus colores pasteles y ornamentos simples, con algunas imágenes y una talla en madera de la Virgen de la Candelaria. Al lado de su entrada, un pequeño recinto con un orificio permitía mantener la guardia frente a los malones, incluso durante el oficio religioso.
Una vez expulsados los jesuitas, la Junta de Temporalidades dispuso su fraccionamiento para sucesivas ventas. Al igual que las restantes, el casco de la Estancia de La Candelaria fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1941 y fue adquirido por el gobierno provincial recién en 1982.

Estancia jesuítica de Jesús María


Jesuitas en Alta Gracia